Independència dels EUA (1776)

Gran Bretanya tenia 13 colònies a l’est d’Amèrica del Nord (Nova Anglaterra). El conflicte va començar quan els colons van exigir que els impostos que havien de pagar anessin acompanyats de tenir representació parlamentària a la metròpoli. Les tensions van anar en augment. El 1773 els Tea Acts del govern anglès (pretenia monopolitzar el comerç del te) va provocar que els colons ataquessin el vaixells anglesos carregats de te al port de Boston. Aquest fet, també donava força a la idea de que no feia falta obeir unes lleis que ells no havien votat i acompanyava el coneixement del procés polític de la Gran Bretanya i del seu parlamentarisme. Alhora, les idees il·lustrades arribaven i esperonaven la defensa dels propis interesos i drets del colons.

– 1774: Primer Congrés de Filadèlfia: on es va redactar una declaració de drets.

– 1776: Declaració dels Drets de Virgínia: va ser la base de la Declaració d’Independència dels EUA, 4 de juliol de 1776.

Fragment de la Declaració de Drets de Virgínia: “Tots els éssers humans són per naturaleza igualment lliures i independents, i tenen certs drets inherents a la seva persona. (…) Qualsevol poder resideix en el poble i, per tant, deriva del poble. (…) El govern està, i cal que ho estigui. instituït  per al benefici, la protecció i la seguretat comuns delc poble, la nació o la comunitat. (…) Els poders legislatiu i executiu han d’estar separats i distingits del poder judicial. (…) Les eleccions dels membres que atuen com a representants del poble a l’assemblea han de ser lliures. (…) La religió (…) s’ha d’orientar exclusivament per la raó i la convicció, no per la força o la violència; i, per tant, tots els éssers humans tenen el mateix dret a l’exercici lliure de la seva religió”.

Fragment de la Declaració d’Independència dels EUA : “Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad. Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; tal es ahora la necesidad que las obliga a reformar su anterior sistema de gobierno La historia del actual Rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados todos directamente hacia el establecimiento de una tiranía absoluta sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

(Aquí los colonos exponen unos 25 agravios concretos de que acusan al monarca británico. Entre otras cosas… se ha negado a dar su asentimiento a las leyes necesarias para el bien público; [nos ha impuesto] “contribuciones sin nuestro consentimiento”, etc.)

En cada etapa de estas opresiones, hemos pedido justicia en los términos más humildes: a nuestras repetidas peticiones se ha contestado solamente con repetidos agravios. Un Príncipe, cuyo carácter está así señalado con cada uno de los actos que pueden definir a un tirano, no es digno de ser el gobernante de un pueblo libre.

Tampoco hemos dejado de dirigirnos a nuestros hermanos británicos. Los hemos prevenido de tiempo en tiempo de las tentativas de su poder legislativo para englobarnos en una jurisdicción injustificable. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y radicación aquí. Hemos apelado a su innato sentido de justicia y magnanimidad, y los hemos conjurado, por los vínculos de nuestro parentesco, a repudiar esas usurpaciones, las cuales interrumpirían inevitablemente nuestras relaciones y correspondencia. También ellos han sido sordos a la voz de la justicia y de la consanguinidad. Debemos, pues, convenir en la necesidad, que establece nuestra separación y considerarlos, como consideramos a las demás colectividades humanas: enemigos en la guerra, en la paz, amigos.

Por lo tanto, los Representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso General, apelando al Juez Supremo del mundo por la rectitud de nuestras intenciones, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas Colonias, solemnemente hacemos público y declaramos: Que estas Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres e Independientes; que quedan libres de toda lealtad a la Corona Británica, y que toda vinculación política entre ellas y el Estado de la Gran Bretaña queda y debe quedar totalmente disuelta; y que, como Estados Libres e Independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes.

Y en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia, empeñamos nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor.”

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 En aquesta il·lustració  es distingiexen Benjamin Franklin, Thomas Jefferson (va escriure el preàmbul de la Declaració d’Independència)  i George Washington.

Gran Bretanya no va reconèixer la independència de les colònies fins la batalla de Yorktown el 1783, davant la superioritat dels insurgents. Així, George Washington va ser proclamat primer president dels EUA. El 1787, el nou Estat americà va redactar la primera Constitució escrita de la història.

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